26 de marzo de 2024 - Martes Santo

Isaías 49:1-6; Juan 13:21...38         

Homilía

En estos últimos días de Cuaresma antes del Triduo Pascual, las lecturas de la Misa nos introducen definitivamente en los aspectos del Misterio Pascual que celebraremos en los próximos días.

          En primer lugar, en la primera lectura, tenemos uno de los más bellos poemas del profeta Isaías. Es el segundo canto del Siervo, hacia el final del Libro de la Consolación de Israel. Este Libro de la Consolación de Israel, que constituye la segunda parte del Libro de Isaías, fue compuesto durante la deportación a Babilonia, tras la destrucción del Templo, y anuncia ya la esperanza del retorno. Es un poema que describe el sufrimiento del Siervo de Yahvé, pero también canta su plena confianza en Dios. Es un poema de confianza en el sufrimiento.

          En cuanto al pasaje del Evangelio de Juan que acabamos de leer, describe la última cena de Pascua que Jesús tuvo con sus discípulos, un relato que se abre trágicamente con la mención de la traición de Jesús por Judas y que termina con la negación de Pedro.

          A lo largo de los Evangelios, y en particular en los relatos leídos en la Eucaristía de las últimas semanas, hemos visto crecer la oposición de los fariseos y de los sumos sacerdotes a Jesús y hemos visto su determinación de hacerlo matar. Esto queda muy claro en el relato de la pasión. Ahora bien, lo que hace que este desenlace sea aún más trágico es que se logra a través de la traición de uno de los amigos más cercanos de Jesús, uno de sus doce Apóstoles, con el que celebra la fiesta de la Pascua.

          Preparemos, pues, nuestros corazones para entrar en este Triduo Pascual, durante el cual recordaremos todo lo que Jesús tuvo que sufrir por nosotros, pero con la mirada puesta ya en la gloria de su resurrección.

Armand Veilleux