CAPÍTULO XXI

LOS DECANOS DEL MONASTERIO


 

1 Si la comunidad es numerosa, elíjanse hermanos que tengan buena fama y una vida santa, y sean nombrados decanos, 2 para que velen en todo con solicitud sobre sus decanías, según los mandamientos de Dios y los preceptos de su abad.

3 Elíjanse decanos a aquellos con quienes el abad pueda compartir confiadamente su cargo. 4 Y no se elijan por orden, sino según el mérito de su vida y la sabiduría de su doctrina.

5 Si alguno de los decanos, hinchado por el espíritu de soberbia, se hace reprensible, corríjaselo una primera, una segunda y una tercera vez, y si no quiere enmendarse, destitúyaselo 6 y póngase en su lugar a otro que sea digno. 7 Lo mismo establecemos respecto del prior.

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