EXORDIO DE CÍSTER RESUMEN DE LA CARTA DE CARIDAD CAPITULOS

 

INDICE DE LOS CAPITULOS DE LA ORDEN DE CÍSTER

 

I              Salida de Molesmes de los Monjes de Císter.

Il             Del exordio del cenobio Cisterciense.

III            Resumen de la Carta de Caridad.

IIII           Capitulo anual de abades.

V            De las faltas de los abades.

VI           Relaciones entre abadías que no se engendraron unas a  otras.

VII          Nadie reciba a un aspirante que desea ir a otra iglesia.

VIII         Acerca del monje o del converso fugitivo.

IX           Sobre la construcción de abadías.

X            Sobre qué libros no pueden ser distintos.

XI           El vestido.

XII          La comida.

XIII         En el monasterio ninguno coma carne o grasa.

XIV         En que días guardamos abstinencia.

XV          De donde se obtiene el sustento de los monjes.

XVI         El monje no debe vivir fuera del claustro.

XVII        En nuestra Orden está prohibido convivir con mujeres.

XVIII       Las mujeres no podrán franquear la puerta del monasterio.

XIX         Que no se forme sociedad con seglares ni para la cría de ganado, ni para el cultivo de la tierra, dándoles o recibiéndoles a medias o cosa parecida.

XX          De estas cosas se ocuparán los conversos.

XXI         Probación de los conversos.

XXII        El converso no se haga monje.

XXIII       No tenemos rentas.

XXIV      A quiénes administramos los sacramentos o enterramos.

XXV       Lo permitido y Io prohibido respecto al oro, la plata, las  joyas y la seda.

XXVI      Esculturas, pinturas y cruces de madera.

 

 

I.              Salida de Molesmes de los Monjes de Císter

 

2 Sabido es que en la diócesis de Langres existe un famosísimo monasterio Ilamado Molesmes, de una observancia ejemplar. Desde su origen la misericordia de Dios le hizo resplandecer en poco tiempo con grandes dones, Io ennobleció con hombres ilustres y le hizo tan grande en riquezas como esclarecido en virtudes. 3 Ahora bien, como los bienes materiales no suelen ir mucho tiempo juntos con las virtudes, algunos miembros[1] de aquella santa comunidad que ciertamente sabían esto, viendo más alto, prefirieron aplicarse a las cosas celestiales más que implicarse en los asuntos[2] terrenos. 4 A partir de entonces, Ilevados de su amor por la virtud, empezaron a pensar en la pobreza, fecunda en hombres fuertes[3]. AI mismo tiempo veían que, si bien allí se vivía santa y honradamente, la observancia de la Regla que habían profesado correspondía, sin embargo, menos a su deseo y a su proyecto de vida[4]. 5 Trataron entre si de sus inquietudes y se preguntaban cómo Ilegar al cumplimiento de aquellas palabras de la Escritura: «Cumpliré los votos que pronunciaron mis labios» [5]. ¿Qué mas se puede decir?

6 Veintiún monjes salidos juntamente con el padre del monasterio, Roberto, de santa memoria, con un mismo parecer se esforzaron por llevar a cabo, de común acuerdo, Io que en un mismo espíritu habían concebido[6] 7 Y después de los muchos trabajos y extremadas dificultades que han de padecer los que quieren seguir las huellas de Cristo[7], finalmente alcanzaron su deseo y Ilegaron a Císter, que entonces era un lugar de horror y una vasta soledad[8]. 8 Pero aquellos soldados de Cristo[9] pensaron que la aspereza del lugar no estaba en desarmonía con el firme propósito que en su ánimo tenían ya concebido, y considerándolo como preparado por Dios para ellos, amaron tanto el lugar como su ideal[10].

 

Il. Origen del monasterio de Císter

 

2 Así, en el año 1098 de la Encarnación del Señor, confiando en el parecer del venerable Hugo, arzobispo de Lyon, legado de la Sede Apostólica, del piadoso Gautier, Obispo de Chalon, y del ilustre príncipe Odon, Duque de Bergoña, y respaldados con su autoridad, comenzaron a transformar en abadía el desierto que habían encontrado; el mencionado <Abad> Roberto recibió de manos del obispo de aquella diócesis la carga y el báculo pastoral, afirmando los demás su estabilidad bajo su guía en aquel lugar.

3 Pero no mucho tiempo después, el Abad Roberto, a instancias de los monjes de Molesmes, por mandato del Papa Urbano II, con la autorización y consentimiento del obispo de Chalon, hubo de volver a Molesmes, sucediéndole en el cargo Alberico, varón piadoso y santo. 4 Con vistas a mantener la paz entre las dos iglesias, se dispuso y confirmó por la Autoridad Apostólica, que en adelante ninguna de ellas recibiera a un monje de la otra sin la carta de recomendación regular[11]. 5 Desde entonces, gracias a la solicitud y destreza[12]  del nuevo padre, y con la ayuda no pequeña de Dios[13], en poco tiempo el Nuevo Monasterio progresó en santidad de vida, brilló en reputación y creció en los bienes necesarios.

6 Pero el hombre de Dios Alberico, después de haber corrido, y no en vano[14], durante nueve años para alcanzar el premio de la suprema vocación[15] , Io alcanzó al décimo. Le sucedió Dom Esteban, hombre de nacionalidad inglesa, que tenía un fidelísimo celo y amaba con gran ardor la vida monástica, la pobreza y la disciplina regular.

7 En su tiempo se puso de manifiesto Io que está escrito: «Los ojos del Señor miran a los justos, sus oídos escuchan sus gritos»[16]. En efecto, aquel reducido rebaño[17]  Sólo lamentaba su pequeñez, y los pobres de Cristo sólo temían, y en verdad temieron casi hasta la desesperación, una sola cosa: el no poder dejar herederos de su pobreza. Pues las gentes de los aIrededores honraban su santidad de vida, pero se horrorizaban ante su austeridad, de modo que se apartaban de imitarles los mismos que se les acercaban para venerarles.

8 Pero entonces, contra toda esperanza, Dios, para quien es fácil de Io pequeño hacer grandes cosas y de Io poco mucho, movió los corazones de un gran número para imitarles de tal manera que Ilegó a haber juntos en el noviciado hasta treinta aspirantes, clérigos y laicos, muchos de los males eran nobles y poderosos según los criterios del mundo. 9 A partir de esta visita del Cielo tan inesperada como féliz, comenzó a regocijarse la estéril que no tenía hijos[18] y la abandonada Ilegó a tener tantos hijos como la desposada[19]. 10 Y Dios no cesó cada día de multiplicar su familia y aumentar su alegría[20], tanto, que la madre tuvo la dicha de ver alrededor de su mesa como renuevos de olivo[21] , aun antes de que pasaran doce años aproximadamente, hasta veinte[22] padres de monasterios con sus hijos y los hijos de sus hijos. Y así, al par que abrazaban la Regla del santo Padre Benito, imitaban su ejemplo[23].

11 Debido a que desde un principio la nueva planta empezó a extenderse con nuevas ramas[24], el venerable padre Esteban, de espíritu sagaz y en continua vigilancia, preparó un documento de admirable discreción, como herramienta para cortar los brotes de cismas que al desarrollarse pudieran Ilegar a sofocar el fruto de la mutua paz. 12 Por Io cual quiso que aquel escrito se Ilamara adecuadamente Carta de Caridad, ya que de la misma no se desprende otra cosa que aquello que se refiere a la caridad, de modo que casi Io único que parece buscar es aquello de: "con nadie tengáis más deuda que la del mutuo amor[25]. 13 La carta, tal como fue preparada por el mismo padre, confirmada por los mencionados veinte abades y refrendada con el sello de la Autoridad Apostólica, contiene en forma desarrollada Io que acabamos de decir; pero nosotros esbozaremos aquí únicamente un breve resumen[26].

 

 

 

 

 

RESUMEN DE LA CARTA DE CARIDAD

 

III. Estatuto general que regula las relaciones entre abadías

 

2 De acuerdo con el tenor de dicha caria, entre todos los abades de la Orden Císterciense estatuyeron que las abadías madres no pudiesen imponer a sus hijas ninguna exacción de bienes materiales[27] , que el Abad-padre, en visita al monasterio de un Abad-hijo, no diese la profesión monástica a un novicio de éste[28], ni se Ilevase consigo de allí a un monje contra su voluntad; que no introdujese a otro a vivir allí[29] y, por último, que no estableciese ni ordenase en aquel lugar nada contra la voluntad del Abad-hijo, salvo en Io relativo al cuidado de las almas. 3 Que si encontrase en el mismo lugar alguna cosa contraria a la Regla o a la Orden, pudiese corregirla con caridad y con el consejo del Abad presente. Y que si se diera el caso de que éste se hallara ausente, que corrigiera también, no obstante, Io que encontrase torcido.

 El hijo cederá el puesto al padre, no sólo en el capítulo. sino también en todos los lugares del monasterio. Sin embargo, el padre comerá con los hermanos en el refectorio por razón de la disciplina [30] , a no ser que el Abad local estuviese ausente. Lo mismo harán también todos los

Abades de nuestra Orden que Ilegasen después. Si Ilegasen varios y el Abad local estuviera ausente, el más antiguo[31] de ellos comerá en la hospedería. 5 Además cada Abad visitará con paternal solicitud al menos una vez al año[32] aquellas abadías engendradas por su iglesia. Y siempre que el Abad hijo venga a su iglesia madre se le mostrará la reverencia debida como Abad[33]  . 6 En este sentido, ocupará el lugar del Abad local únicamente en todo Io relativo al orden y sólo cuando dicho Abad esté ausente. Porque si aquél está presente, el hijo le cederá el puesto en todo,

como a un padre. Por eso, mientras éste esté presente, el hijo no comerá

con los huéspedes, sino en el refectorio con los hermanos.

 

 

 

 

 

IV. Capitulo anual de los Abades

 

2 La Iglesia de Císter, madre de todas las demás, se reservó con mucha razón y de modo especial que, una vez al año, todos los abades juntos y a un tiempo, se reunieran en ella[34] para visitarse, restablecer el orden, confirmar el bien de la paz y conservar la gracia de la caridad[35].

3 Por Io cual todos obedecerán con reverencia y humildad al Abad[36]  de Císter y a aquella santa asamblea en Io relativo a la corrección de las desviaciones. Los proclamados pedirán perdón, y sólo los abades harán estas proclamaciones.

4 Además también en aquella asamblea se proveyó esta cosa conveniente: que si se Ilegase a conocer la pobreza extrema de alguno de los abades, todos los demás procurarán aliviar la penuria del hermano según Io que la caridad aconseje a cada uno y los recursos permitan[37]. 5 Por ninguna razón absolutamente se podrá faltar al Capítulo anual, salvo por estos dos motivos: o la enfermedad corporal, o la profesión de un novicio[38].  6 Pero el que tuviera uno de estos motivos, enviará en su lugar a su Prior como representante. Si alguno en cualquier otra circunstancia se atreviera alguna vez a quedarse, en el siguiente Capitulo pedirá perdón por su culpa, y dará satisfacción según el criterio de los Abades, bajo la forma de la culpa leve[39] .

 

V. Sobre las culpas de los abades

 

2 Si se viera que algún Abad es transgresor de la Regla[40] o de la Orden o remiso y negligente en el cargo que le han encomendado, y amonestado hasta cuatro veces[41] por medio de su Abad padre, bien directamente, o a través de su prior, o por carta, no quisiera corregirse, el mismo Abad notificará al obispo y clérigos de aquella diócesis la falta del transgresor[42]; y si quizá por negligencia de ellos, la culpa siguiera sin corregir, 3 entonces el Abad padre tomará consigo al menos otros dos Abades[43] y juntos irán al lugar en cuestión, deponiendo de su cargo al transgresor y disponiendo la elección de otro que sea digno[44] . Pero si rebelándose contra los Ilegados, ni el Abad trangresor quisiera ceder, ni los monjes quisieran elegir a otro, entonces los Abades les excomulgarán[45].

4 Pero si alguno de estos trangresores, vuelto en sí compadecido por no soportar la sentencia de muerte de su alma, buscase asilo en su abadía madre, será recibido como hijo[46] de esta iglesia[47] hasta que sea devuelto a su propio monasterio, una vez reconciliado.

5 Por otra parte, como quiera que por ser cabeza de todos, el Abad de Císter no tiene sobre sí ningún Abad que cuide de que aquello que está decretado que él debe hacer con otros transgresores se haga también con él si Ilegase a pecar, este cuidado les esta encomendado mediante común acuerdo a los Abades de La Ferté, Pontigny y Claraval, quienes, por todos y en representación de todos, procurarán ejecutar diligentemente sobre él todo en el orden que hemos dicho. 6 Con la siguiente excepción, sin embargo: que estos tres Abades no podrán, por sí mismos, sustituir por otro al Abad de Císter si cede su cargo, ni lanzar contra él excomunión si rehùsa[48]; 7 sino que el Prior de aquel lugar procurara enviar tres o más mensajeros a solo las abadías nacidas directamente de Císter Dichos mensajeros convocarán a Io largo de quince días a tantos Abades como puedan venir, los cuales, una vez depuesto el transgresor, exhortarán a los monjes para que en su presencia elijan un padre[49]; y si no quisieran hacer caso, herirán con la excomunión tanto a ellos como al Abad[50]. 8 Si alguno de ellos finalmente, volviendo en sí y queriendo salvar su alma, se acogiese a cualquiera de las tres mencionadas iglesias, es decir, a La Ferté, a Pongtigny o a Claraval, será recibido como hermano y familiar, hasta que un día sea devuelto a su propio monasterio, reconciliado por la misericordia de Dios. Entre tanto el Capitulo anual de abades no se celebrará en Císter, sino en el lugar que determinen los tres abades que antes hemos dicho[51].

9 Siempre que la iglesia de Císter, privada por cualquier motivo de su padre, quedase vacante, el Abad de La Ferté ocupará entre tanto su lugar[52]. Y siempre se observará el modo y el orden dicho anteriormente para la elección del Abad de Císter. 10 En los demás monasterios, a la muerte de cualquier Abad se convocará al Abad a cuyo cuidado está la abadía del difunto, para que, en su presencia y con su consejo[53], los hermanos Ileven a cabo una elección regular. 11 A cualquier persona que hubiesen elegido los monjes de cualquier monasterio Cisterciense, la recibirán sin oposición[54] . 12 Pero no está permitido que los Cistercienses elijan como Abad suyo a un monje de otra Orden[55] ni den a sus monjes otros para esto, mismo.

 

VI. Relaciones entre abadías que no se engendraron unas a otras

 

2 Entre aquellas abadías que mutuamente no se engendraron, regirá esta ley. El Abad local cederá el puesto a un Abad que esté de paso[56], en todos los lugares de su monasterio, para que se cumpla Io que está escrito: «anticipándoos a honraros unos a otros»[57]. Si Ilegasen dos o más, el más antiguo de los Ilegados ocupará el primer lugar. Pero todos, excepto el Abad local si está presente, comerán en el refectorio. 3 Pero en cualquier otro lugar donde se reúnan, se colocarán según la antigüedad de las abadías, de modo que esté primero aquel cuya iglesia sea la más antigua, excepto que si alguno de ellos, revestido de alba, presidiera los actos litúrgicos, se pondrá el primero de todos aunque fuera el más joven[58]. En todo lugar en que se sienten juntos salúdense mutuamente con inclinación[59]

 

CAPÍTULOS

 

VII. Nadie reciba a un aspirante que desea ir a otra iglesia

 

2 Ninguno de nosotros se oponga a que un aspirante, que así Io quisiera, marche a alguna de nuestras iglesias, ni le atraiga a la suya, ni siquiera le retenga, aun en el caso de que, cambiando de idea, quisera permanecer donde está. 3 Pero si, después de haber Ilegado al lugar elegido, se saliera antes de haber sido recibido para su prueba, quien quiera podrá recibirle. 4 Si se saliera después de haber sido admitido, no se le recibirá en ningua parte sin el consentimiento de aquella iglesia[60] en la cual había sido admitido.

 

VIII. Acerca del monje o del converso fugitivo

 

2 Si algún monje o converso huyera ocultamente de alguno de nuestros monasterios y se fuera a otro, se le persuadirá para que vuelva al suyo. 3 Si no quisiera, no se le permitirá quedarse allí más de una noche. 4 Y si Ilevase puesto el hábito de monje se Io quitarán, a no ser que hubiera sido monje antes de ingresar en nuestra Orden.

 

IX. Sobre construcción de abadías

 

2 Todos nuestros monasterios se fundarán en honor de la Reina del Cielo y de la tierra. 3 Ninguno se edificará en ciudades, aldeas o castillos. 4 No se enviará a una nueva fundación a un nuevo Abad sin al menos doce monjes ni sin Ilevar los siguientes libros: salterio, himnario, colectáneo, antifonario, gradual, regla, misal; ni sin haberse construido antes estas dependencias: oratorio, refectorio, dormitorio, hopedería y portería; de modo que al Ilegar a aquel lugar puedan enseguida servir a Dios y vivir según la Regla. 5 Fuera de la puerta del monasterio no se edificará ninguna vivienda, a no ser los establos para los animales. 6 Para que entre las abadías se mantenga siempre una unidad indisoluble, establecemos, en primer lugar, que la regla de san Benito sea entendida por todos de la misma manera, sin desviarse de ella ni un ápice. 7 En segundo lugar, que todos tengan los mismos libros, al menos, en Io tocante al Oficio divino, la misma ropa, los mismos alimentos y por último los mismos usos y las mismas costumbres.

 

X. Sobre qué libros no pueden ser distintos

 

2 En todas partes habrá uniformemente: misal, evangeliario, epistolario, colectáneo, gradual, antifonario, himnario, salterio, leccionario, Regla y calendario.

 

XI. El vestido

 

2 El vestido, tal como dice la Regla[61], será sencillo y pobre, sin pellizas ni camisas; las cogullas no Ilevarán flecos por fuera y el calzado de uso diario será de piel de vaca.

 

XII. La comida

 

 2 Aparte de Io indicado por la Regla sobre la libra de pan[62], la medi­da de la bebida[63] y el número de platos[64], se cuidará de que el pan sea  ordinario, es decir, hecho con salvado. 3 Donde no haya trigo, se puede hacer de centeno. Esta disposición no se aplicará a los enfermos; por Io demás, a aquellos huéspedes para quienes estuviera prescrito, se les servirá un bollo, y también una libra de pan blanco a aquellos a quienes les haya sido practicada la sangría, una sola vez por cada sangría.

 

XIII. En el monasterio ninguno coma carne o grasa

 

2 Dentro del recinto del monasterio las porciones no Ilevarán nunca carne ni grasa, excepto las de los enfermos y obreros contratados.

 

XIV. En qué días guardamos abstinencia

 

2 Tomamos comida propia de Cuaresma en Adviento, en Septuagésima y en todos los viernes del año, a excepción de los enfermos; además, en los ayunos de las cuatro Temporás de septiembre y en las vigilias de los santos Juan Bautista, Pedro y Pablo, Lorenzo, Asunción de Sta. María, Mateo apóstol, Simón y Judas, Todos los Santos, Andrés apóstol. 3 Para los huéspedes no se compre nada a no ser que estén enfermos.

 

XV. De donde se obtiene el sustento de los monjes

 

2 El sustento necesario para los monjes de nuestra Orden se obtiene del trabajo manual, del cultivo de la tierra y de la cría de ganados. Debido a ello podemos poseer, para nuestro uso particular, aguas, bosques, viñas, pastos, prados, tierras alejadas de lugares habitados y animales, excepto los que suelen provocar curiosidad o revelan la vanidad más que reportar utilidad, como ciervos, grullas y otros parecidos. Para la cría de ganados podemos tener cerca o lejos del monasterio granjas dirigidas y administradas por conversos.

 

XVI. El monje no debe vivir fuera del claustro

 

2 Según la Regla[65] el monje vive en el claustro; no obstante, puede ir a las granjas siempre que se le mande, aunque nunca para vivir en ellas largo tiempo.

 

 

XVII. En nuestra Orden está prohibido convivir con mujeres

 

2 Por ninguna causa, ni para conversar, criar o aumentar el ganado ni cualquier otra cosa del monasterio, ni aun siendo necesario, para lavar la ropa, o en fin, ni en cualquier otra necesidad, se nos permite a nosotros o a nuestros conversos convivir con mujeres.

 

XVIII. Las mujeres no podrán franquear la puerta del monasterio

 

2 No se permita a las mujeres alojarse dentro del recinto de las granjas, ni franquear la puerta del monasterio.

 

XIX. Que no se forme sociedad con seglares ni para la cría de ganado, ni para el cultivo de la tierra, dándoles o recibiéndoles a medias o cosa parecida

 

2 No está permitido formar ningún tipo de asociación con seglares, ni para la cría de ganado, ni para el cultivo de la tierra, ni en calidad de arrendatarios, ni aparceros.

 

XX. De estas cosas se ocuparán los conversos

 

2 Como hemos dicho, todas estas cosas han de ser realizadas por conversos o por jornaleros. A estos conversos les recibimos siempre, con licencia de los obispos, bajo nuestro cuidado, como parientes y colaboradoses, como a monjes, hermanos nuestros y participes de nuestros bienes espirituales y temporales.

 

XXI. Probación de los conversos

 

2 A los conversos que vienen por primera vez a vivir con nosotros, les probamos durante un año. Después del año, el que quiera quedarse y Io merezca, hará su profesión en el Capítulo.

 

 

 

XXII. El converso no se haga monje[66]

 

2 Hecha la profesión, el converso no pasará a monje aunque Io pidiera con mucha insistencia, sino que deberá permanecer en la vocación a la cual fue Ilamado[67] . Pero si alguno, persuadido por el demonio[68], recibiera de un obispo o de un Abad el hábito monástico de monje, o incluso el de canónigo regular, no se le recibirá después en ninguna de nuestras iglesias.

 

XXIII. No tenemos rentas

 

2 Excluímos la posesión de iglesias, altares, sepulturas, diezmos sobre los trabajos o alimentos de otros, villas, siervos, censos de tierras, réditos de homos o molinos o cosas perecidas, por considerarlas contrarias a la pureza monástica y a nuestro nombre y Orden.

 

XXIV. Admisión a la confesión, a la comunión y las exequias

 

2 Exceptuando a un huésped o a nuestros obreros que mueran dentro del recinto del monasterio, a ningún extraño administramos la confesión, la sagrada comunión o las exequias fúnebres. Tampoco aceptamos ofrendas en la misa conventual.

 

XXV. Lo permitido y Io prohibido respecto al oro, la plata, las joyas y la seda

 

2 Los paños de los altares y los vestidos de los ministros no serán de seda, excepto la estola y el manípulo. La casulla será de un solo color. 3 Todos los ormamentos del monasterio, los vasos sagrados y demás cosas que se usen, no tendrán oro, plata o joyas; pero el cáliz y la cánula, y solo estas dos cosas, podrán ser de plata o doradas, pero de ningún modo de oro.

 

 

XXVI. Esculturas, pinturas y cruces de madera

 

2 No está permitido tener esculturas en ningún sitio, y pinturas sólo en las cruces, que ellas mismas serán únicamente de madera.

 

 

 



[1] Viri: Cf principio del versículo 4 (nota 3).

[2] Cf 2 Tim 2,4.

[3] LUCAÑO tiene la formula «foecunda virorum paupertas» (Pharsalia, Lb. 1,1. 165-166: «La pobreza fecunda en héroes») Cf C. WADDELL, «The Exordium Cístercii, Lucan, ad Mother Poverty» en Cîteaux 33 (1982) 379-388.

[4] Lit: proposito; cf. Exordio Parvo. II.

[5] Sal 65 (66), 13b-14a.

[6] Cf Fip 1,27: «Unidos en un mismo espiritu».

[7] 2 Tim 3,12: «Todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús».

[8] Dt 32,10.

[9] Cf 2 Tim 2,3.

[10] Lit: propositum.

[11] RB 61,13.

[12] Cf RB 27,5

[13] Cf Mc 16,20: «El Señor cooperaba con ellos»

[14] Cf Flp 2,16; GáI 2,2

[15] Cf Flp 3,14; 1 Cor 9,24.

[16] Sal 33 (34),16.

[17] Lc 12,32.

[18] Is 54,1; GáI 4,27.

[19] GáI 4,27.

[20] ls9,3.

[21] Sal 127 (128),3.6 (los hijos de tus hijos).

[22] En 12 años 20 monasterios. Esta es la traducción comummente admitida hoy, si bien la gramática admite también Io contrario: en 20 años 12 monasterios. La elección de una u otra traducción, importante para la dataci6n del manuscrito, ha sido objeto de una interesante controversia. Cf. J.WINANDY, "Les origines de Cîteaux et les travaux de M.J. Lefèvre", en Revue Bénédictine 67(1957)55-58.

[23] S. GREGORIO, Diálogos, 1.II,iii,13 (PL 66,140 C: SC 260,p.151).

[24] Sal 143 (144),12.

[25] Rm 13,8.

[26] Summa.

[27] Cf CC Prior (=CCI) 1,2; Concordia de Molesmes (=CM)7.

[28] Cf CC 1,IV,4.

[29] Cf CC I,IX,5.

[30] RB 56,3.

[31]El Abad de la abadía más antigua (cf Cap. VI, infra).

[32] Cf CC 1,V,2.

[33] CC 1,IV,2.

[34] Cf CC 1,VIII, 2ab; VIII, 2b.

[35] RB, Pról 47; 65,11. Cf CC 1,VII,2b.

[36] Domino.

[37] Cf CC 1,VIII,4; CM 7.

[38] Cf CC 1,VIII,4.

[39] Cf CC 1,VIII,4-5.

[40] Cf RB 65,18; 23,1; CM 4.

[41] Cf RB 65,18.

[42] Cf RB 62,9.

[43] Literalmente «co-abades».

[44] Cf RB 21,6; 65,20. Cf CU

[45] Cf CC I,IX,4a.

[46] Cf Lc 15,11-32.

[47] Cf CC 1,IX,4b.

[48] Los vv 5-6 tienen su paralelo en CC I,IX,6.

[49] Cf CC 1,IX,8 (son los hermanos los que envían los mensajeros, no el prior).

[50] Cf CC 1,IX,1 1.

[51] Cf CC I,IX,I2.

[52] Cf CC 1,IX,3.

[53] Cf CC 1,XI,4a.

[54] CC 1,XI,5b.

[55] «de ceteros monasteriis»; cf CC 1 XI 5a.

[56] Literalmente «a su co-abad de paso».

[57] . Rm 12,10; cf RB 63,17; 72,4. El orden de precedencia -ese código de cortesía

monástica - prescrito por S. Benito en el monasterio, la Orden Io extiende a la persona de los abades, que representan a sus monasterios: el orden de antigüedad pasa a ser el de la fundación de las abadías.

[58] Alusión a la rúbrica según el celebrante -en este caso un Abad más joven que sus compañeros de cogulla en el coro­-volvía en alba a los sitiales durante el servicio. (Cf Les plus anciens textes de Cîteaux... p. 100).

[59] Este capitulo tiene su paralelo en CC 1,X,2-3.

N. B. Aquí termina el Resumen de la Carta de Caridad propiamente dicha. Sigue al Resumen una veintena de estatutos breves, que sintetizan las primeras decisiones capitulares no integradas en la Carta de Caridad.

[60] Cf RB 61,13-14.

[61] RB 55.

[62] RB 39,4.

[63] RB 40.

[64] RB 39,3.

[65] RB 4,78; cf EP XV,12.

[66] El titulo falta en el manuscrito.

[67] Cf 1 Cor 7,20.

[68] Cf RB 58,28.