El 6
de Agosto, 1989 --Transfiguración del Señor
(Profesión de la Hermana Edith a Humocaro)
O M E L I A
Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo
alto de la montaña, para orar, nos dice el Evangelio que acabamos de oír. Es muy interesante el hecho de que Jesús,
cuando en los momentos más importantes de su vida quiere orar, se va a la
montaña, en un lugar de soledad.
El acontecimiento descrito en el Evangelio de hoy es
uno de esos momentos importantes. Jesús es en la mitad de su vida pública. El
inicio de su ministerio ha sido bastante exitoso. La muchedumbre lo seguía con
entusiasmo y ilusión. Ahora la mayoría
lo abandona, porque no es el tipo de Mesías que ellos esperaban; y los jefes
del pueblo quieren matarlo. Debe elegir lucidamente ser lo que es llamado a ser
más bien que corresponder a las expectaciones del pueblo; aceptar la muerte más
bien que hacer compromisos con su misión.
Es eso que lo lleva a una noche de oración en la montaña.
Pero -- y eso es muy significativo -- no va solo. Lleva consigo algunos de
sus discípulos, los con los cuales puede y quiere compartir aquello que
vive. Son los mismos discípulos que
Jesús llevará consigo al Jardín de Gethsemani.
Ya tenemos aquí varios elementos de la vida
monástica, esa forma de vida cristiana a la cual Edith se compromete hoy para
toda su vida. Es una vida de oración el
la soledad, en la montaña, al ejemplo de Cristo y con Cristo. Pero, la vida cisterciense no siendo una
vida eremítica, es una vida de oración en la cual vamos en la soledad con
hermanas o hermanos. Como Jesús, la monja lleva hermanas consigo en la soledad,
y es llevada por hermanas. Es una vida de oración común.
Cuando Jesús oraba, el aspecto de su rostro cambió,
sus vestidos brillaron de blanco, y huéspedes divinos se encontraron con él.
Eso también es un símbolo de la vida monástica. El en grado en el cual nos
acercamos de Dios por la oración somos transfigurados, es decir somos
transformados en la imagen de Cristo, y recibimos la visita de Dios.
Y ¿de que cosa hablaban con Jesús los visitantes
divinos? de su muerte que iba a consumir en Jerusalén. También a nosotros Dios,
cuando nos visita, nos habla de la muerte a nosotros mismos, la cual es
necesaria para que podamos ser transformados.
¿Que hacen los discípulos cuando se encuentran con
el Señor en medio de esos acontecimientos extraordinarios? Se caen de sueño, y
deben espabilarse para ver la gloria de Jesús. Es una consolación saber que non
somos solos a hacer eso.
Pedro no entiende lo que sucede, pero se siente bien
y dice: "Maestro, qué hermoso es estar aquí. Haremos tres chozas: una para ti, otra para Moisés, y otra para
Elías." Los tres Evangelistas, sin demasiado respeto por Pedro, dicen que
él no sabía lo que decía. ¿Que quiere
decir eso? Pienso que quiere decir que
no sabía que no nos pertenece a nosotros construir una morada al Señor. Es el Señor que quiere construir Él mismo su
morada en nosotros. Cuando el Rey David quiso construir un templo al Señor, el
Señor le dijo, por el profeta. No vas a construirme una casa. Yo te construiré
una casa.
En los discursos de Jesús durante la última cena hay
un texto muy bello. Jesús dice:
"Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a
él, y haremos morada en él." En el texto griego, la palabra que traducimos
por "morada" es la palabra "monè", que es una de las dos
palabras griegas para decir monasterio. Entonces podríamos traducir que el
Señor quiere hacer su monasterio en nosotros.
Solamente hace poco me soy dado cuenta de que la etimología de la
palabra "monasterio" no es la misma que aquélla de la palabra monje,
monja, o monachos. Etimológicamente un monasterio no es un lugar donde viven
monjes o monjas. La etimología de la
palabra monasterio viene del verbo griego monein, que contiene la idea de
permanencia, permanecer en un lugar. Contiene la idea de estabilidad. Uno no permanece en un hotel o una
hospedería. Uno permanece en un lugar
donde ha hecho su morada, donde a decidido de vivir para siempre. Un monasterio es un lugar donde un grupo de
personas permanecen en la escucha de la palabra de Dios, y, por consecuencia,
un lugar donde el Señor permanece con ellos
La profesión monástica es el compromiso oficial y
público, en presencia de la comunidad y de la Iglesia, de permanecer en la
escucha de la Palabra de Dios, con una comunidad de hermanas, contando en la
permanente y transformante presencia del Señor.
Ahora
Madre Inés preguntará a hermana Edith si eso es su deseo. Y, si Edith responde afirmativamente, será
invitada a consagrarse al Señor pronunciando su formula de profesión, y yo
pronunciaré sobre ella la grande oración por la cual todos nosotros,
representando la Iglesia universal, pediremos al Señor de consagrarla para Si
mismo.